L'Aquila, 1997Desde su nacimiento, en 1990, sin entrar nunca en lo específicamente teológico, el Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo ha considerado el debate sobre las religiones, vivido en la sociedad civil, como un tema esencial para la convivencia de los pueblos mediterráneos. El encuentro del IITM con la Perdonanza Celestiniana y con cuanto ésta representa en el pensamiento católico - que se ha producido gracias a la adhesión de Federico Fiorenza al Instituto - ha abierto un camino de colaboración, concretado en el pasado con el Simposio Convivencia cultural y religiosa, celebrado en Elche en octubre del 94, y con la Mesa Redonda que tuvo lugar en el Castillo del Siglo XV del Aquila, en agosto, del 95, con el título de Perdonanza, etnia, nuevos confines del mundo, en el curso de la cual le fue concedido el Premio Iobal Masih al Director del IITM. Hoy, cuando determinadas interpretaciones políticas de las religiones siguen siendo uno de los grandes argumentos de la violencia en el ámbito mediterráneo, con dolorosas consecuencias para muchos de sus pueblos - Argelia, Bosnia, Croacia, Israel, Palestina - , de nuevo, la Perdonanza y el IITM prosiguen unidos sus propios discursos en favor de la paz justa, la fraternidad y el diálogo. No como una simple expresión de buenos deseos, sino a través del examen del pensamiento religioso en las distintas realidades sociopolíticas de nuestros días, sometiendo a debate el renovado uso que hace la realidad política - a veces con la complicidad de determinadas jerarquías religiosas - de ciertos esquemas fanáticos para empujar a los grupos humanos al odio y al exterminio recíproco invocando el nombre de Dios. El texto de convocatoria citado es importante para la historia del Foro Ibn Arabí, porque marca ya la necesidad de establecer, a través de sus sucesivas ediciones, un discurso continuo, es decir, que el tema de cada reunión venga dado por la observación del contexto histórico y por una linea general. Susceptible, claro está, de ajustarse a lo que el propio curso de la reflexión solicite, pero evitando los riesgos de este tipo de foros: la repetición y la improvisación, volver a lo ya dicho, o dejarse llevar por la motivación circunstancial de los organizadores. De esta voluntad de continuidad y profundización de un discurso nunca truncado, nace, precisamente, el interés de editar las actas de los sucesivos Congresos y de integrarlos bajo el nombre común de Foro Internacional y Permanente Ibn Arabí. PROGRAMA Rabby Harav Yitzhak Bar-Dea. Rabino sefardí de Ramat Gan (Israel): El Perdón en la religión hebraica. S.E. Monseñor Emanuel Adamakis. Arzobispo de Reghion, miembro de la Oficina de la Iglesia Ortodoxa en la Unión Europea (Bruselas): El Perdón en la religión Cristiano-Ortodoxa. Mahmud Sobh. Poeta palestino.Profesor de Lengua Árabe en el Instituto de Cultura Hispano-árabe, de Madrid (España): El perdón en el sufismo Don Elio Bromuri. Docente de ecumenismo y diálogo interreligioso, en el Instituto Teológico de Asis y Director del Semanario "La Voce", de Perugia (Italia) : El Perdón recibido y dado como vía para la reconciliación y la paz. Renha Molho. Vicepresidenta de la Asociación Hebraica de Salónica (Grecia): Particularidades de la presencia hebraica en Salónica, desde 1492 al comienzo del Siglo XX José Monleón. Director de la Fundación Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (España): Presencia de la religión en el diálogo y el enfrentamiento de los pueblos. PERDÓN, PERDÓN...
Las intervenciones de quienes eran "parte" de las distintas religiones discurrió por los caminos previsibles. Cada religión posee numerosos argumentos, derivados de sus textos sagrados, para defender la fraternidad y el perdón. Creo que, en este sentido, el Encuentro de L'Aquila supuso una nueva y pertinente reflexión sobre la existencia de una carga humanista en las religiones del Libro, sobre la que habría que apoyarse en lugar de potenciar los elementos que, así mismo en el interior de sus textos, revelados o propuestos por sus jerarquías temporales, permiten una interpretación opuesta, a partir del concepto de Guerra Santa o de Cruzada, que ha ensombrecido la historia de los humanos. Las intervenciones, que, lógicamente, no cabe resumir aquí, partían, sin embargo, de un supuesto que dificulta a menudo el diálogo entre los creyentes y los no creyentes, que es, sin embargo, uno de los objetivos de nuestro Foro Ibn Arabí. Me refiero al concepto de pecado que transfiere el acto violento o injusto a una transgresión de la ley de Dios, y, en definitiva, a la necesidad de que esta ley sea, mediante el perdón, restablecida. No resultó sorprendente que, por ejemplo, Don Elio Bromuri, desde su firme fe católica, se rebelase contra quienes recordaban pasados episodios de la Historia en los que la Iglesia fue inequívoca cómplice del poder en actos de violencia. Y, por supuesto, le resultaba difícil aceptarlo en relación con el presente. Lo pasado, pasado. Y lo presente, respondía a causas ajenas a la religión. Entiendo absolutamente esta posición. Para quienes, como Don Elio Bromuri, llevados de su talante franciscano, participan en los periódicos encuentros entre las jerarquías de las religiones del Libro, marcados por la voluntad de entendimiento y rectificación, ha de ser duro seguir oyendo las acusaciones de complicidad - por acción o por omisión - de la Iglesia en muchas páginas oscuras de la historia reciente. La sucesión de solemnes manifestaciones del Papa Juan Pablo II solicitando el perdón por los actos del pasado - la última, cuando escribo este trabajo, al Patriarca de la Iglesia Ortodoxa - marcarían está necesidad de asumir el pasado y, a su vez, romper con él, aunque, desde una perspectiva meramente social, haya que decir que ello supondría la reforma de muchas prácticas que siguen siendo norma en buena parte de la Iglesia. Sí fue significativo, y estimulante, que la disposición a perdonar estuviera acompañada de la disposición a pedir perdón, lo que supone una renuncia a la actitud asumida tradicionalmente por cada una de las religiones. Con todo, el tema sigue moviéndose en un ámbito restringido, en el sentido de dejar fuera al verdadero problema: la renovación o el auge de la interpretación integrista de las religiones, que, no lo olvidemos, independientemente de sus alianzas políticas, invocan sus dogmas para justificar la violencia. ¿Hasta dónde las religiones condenan hoy sin paliativos la interpretación integrista de su doctrina? ¿O acaso muchos creyentes no se suman a la barbarie convencidos de que lo hacen al servicio de Dios? Hay en el problema una dimensión social e histórica que no puede resolverse desde los textos sagrados ni los debates teológicos, sino que exige descender a la tierra, mezclarse con la sociedad - especialmente con quienes sufren las mayores injusticias -, cosa que si se ha postulado en la iglesia moderna por ciertos movimientos, es dudoso que hayan merecido la debida atención, cuando no han sido expresamente condenados. Como decía Esquilo en Las Euménides, no es de perdón o de venganza de lo que procede hablar, sino de justicia. Una justicia que, obviamente, no se limita a la sentencia de un tribunal tras el examen imparcial de los hechos, sino que empieza antes, en la creación de una determinada realidad social. Quizá sea éste el aspecto más ambicioso del Foro Ibn Arabí, nada nuevo por otro lado, si recordamos los numerosos encuentros que, años atrás, se prodigaron entre cristianos y marxistas. La progresiva secularización de la sociedad, la ausencia de vida religiosa en la mayor parte de los ciudadanos, que aceptan, sin resistencia alguna, la asepsia ética del neoliberalismo contemporáneo, obliga , si queremos movernos en los niveles de la realidad histórica, a modificar profundamente determinados puntos de vista tradicionales. En el Encuentro de L'Aquiila, como en tantas reuniones y congresos animados por la misma buena voluntad, parecía, a veces, que el gran paso consistiría en que los creyentes de las tres religiones del Libro aceptaran su monoteísmo y su tronco común como un argumento para dejar de combatirse entre sí. Sin duda, sería una gran revolución, pero menos decisiva de lo que lo hubiera sido tiempo atrás, cuando esas tres religiones animaban las grandes contiendas de Occidente o del mar Mediterráneo. El problema abarca hoy nuevos confitos, como podría ser, según nos señalaba el sociólogo italiano Sartori, el que existe entre la creciente migración y el talante integrista de quienes deberían respetar las sociedades de acogida, a menos de provocar en ellas un rechazo del que, al final, ellos son los más perjudicados. El mismo Sartori afirma que sólo en el plano laico, en la medida que nadie invoque como verdades únicas y colocadas por encima de la razón humana los dogmas de sus correspondientes religiones, la convivencia y el respeto serán posibles. Lo que, sin duda, supondría la verdadera revolución, es decir, llegar a asumir la libertad religiosa y, a la vez, el carácter meramente humano, común e indiscriminatorio, de una serie de derechos y deberes. La palabra perdón, ligada al pecado original, crea, por lo demás, una serie de problemas en el análisis de la realidad social. La imagen de personas o grupos sociales, sometidos a injustas circunstancias, suplicando el perdón de Dios, mientras, paralelamente, las clases acomodadas dan a ese mismo Dios las gracias por los bienes recibidos, suscita, de inmediato, una reflexión, que si el creyente resuelve desde los dogmas , resulta para el laico inaceptable. DECLARACIÓN DE L'AQUILA Es obvio que Las Tres Religiones del Libro han sido usadas reiteradamente a lo largo de la historia, y lo son también en la actualidad, para justificar numerosas acciones presididas por la violencia. De ahí que la voluntad de establecer un diálogo intercultural presidido por el respeto recíproco tenga que afrontar el papel de las religiones como factor positivo o como obstáculo. El IITM ha mantenido, desde el 94, un Foro destinado al examen del problema, contando con la participación, en un mismo plano y sin jerarquización alguna, de judios, cristianos, musulmanes y no creyentes. Indagación hecha desde distintos ángulos, para cuya profundización y continuidad crea en L´Aquila el Foro Ibn-Arabi. El Foro excluye sistemáticamente cualquier tipo de confrontación doctrinal. Las distintas versiones históricas y teológicas de las Tres Religiones del Libro y la posición de los no creyentes merecen el mismo respeto, y en ese sentido habrán de pronunciarse cuantos participen en el Foro. Los debates no tendrán como objeto la búsqueda de espacios doctrinales comunes o la formulación de ciertos sincretismos de aceptación general, sino la afirmación de la convivencia y el respeto entre las distintas expresiones religiosas y la sociedad no creyente o agnóstica. Cualquier integrismo, laico o religioso, o cualquer forma de proselitísmo están excluidos. El carácter socio-religioso del Foro conlleva la atención a las relaciones entre las instituciones religiosas y las instituciones políticas, a la función social de las prácticas religiosas en los distintos países y circunstancias, a las acciones y manifestaciones solidarias de las jerarquias religiosas o a los pactos impuros entre la Religión y el Poder. La historia reciente evidencia numerosos casos de barbarie en los que las religiones han sido invocadas, en detrimento de aquellas concepciones de las mismas que han subrayado, a lo largo de los siglos, sus principios de fraternidad humana y de respeto. El IITM entiende que tales principios deben ser defendidos y potenciados por toda la sociedad, creyente y no creyente, dispuesta a comprometerse, a través de la acción cotidiana, en la construcción común de la convivencia, sin sujetar sus principios a la afirmación de una sola doctrina. L'Aquila (junio, 1999)
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