sábado, 16 de diciembre de 2017
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Foro Ibn Arabi PDF Imprimir E-Mail

Desde 1994, la Fundación Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (IITM) organiza, de manera regular, foros internacionales en torno al diálogo religioso y el respeto entre las culturas y civilizaciones, bajo el título general de Ibn Arabi, el gran sufí murciano que, en los siglos XII y XIII, contribuyó decisivamente a la madurez y grandeza del pensamiento sufí, en el cual, el enfrentamiento religioso se sustituye por el amor entre todos los humanos, independientemente de su religión.



 

El porqué de un nombre

En la larga tradición sufí, repleta de poetas y escritores, y aún de mártires - entre ellos, el más conocido, al-Hallay, torturado y crucificado por la intolerancia islámica, a comienzos del Siglo IX - que pagaron por sus ideas de tolerancia y su concepción mística de la religión, destaca el nombre de Ben Arabí o Ibn Arabí, de quien vamos a limitarnos a transcribir algunas ideas relacionadas con los objetivos de nuestro Foro: Los que adoran a Dios en el sol, contemplan el sol; y los que lo adoran en las cosas vivientes, ven a un ser viviente; y los que lo adoran en .los objetos inanimados, ven un ser inanimado; y los que lo adoran como Ser Único y sin semejante, ven lo que no tiene semejante.

No te apegues exclusivamente a ninguna religión, de manera que dejes de creer en las otras. Perderás no poco bien; más aún, no acertarás a reconocer la verdadera verdad.

Dios, el Omnipresente y el Omnipotente, no está encerrado en ningún credo ni religión, porque donde quiera que os volváis, allí está el rostro de Dios.

Cada cual reza lo que cree, su dios es la hechura de sí mismo y, al rezar, se ora a sí mismo. Por eso anatematiza las creencias de los demás; lo cual no haría si fuese justo, porque el desagrado hacia la religión ajena se basa en la ignorancia

Y por no volver a citar los famosos versos - Hubo un tiempo en que reprochaba a mi prójimo/ el que su religión no estuviera próxima a la mía..... - , transcribiremos su siguiente reflexión:

Angustiosos son los días en que vivimos.....llenos de sufíes sospechosos, que sólo en los bienes de aquí abajo encuentran su deleite: el fondo de sus corazones tienen al mundo por tan grande cosa que no creen haya sobre él digno de ser buscado; en cambio, en sus almas la verdad divina es cosa tan pequeña que de ella se apresuran a huir; toda su atención y cuidado ponen en los tapices sobre los que hacen la oración, en las fimbrias coloreadas de sus túnicas, en los hábitos que visten los bordones o cayados con que caminan; llevan bien a la vista las cuentas de sus rosarios llenos de adornos, como las viejas; son en realidad niños golosos y muchachos bien nutridos, sin ciencia que de lo ilícito los aparte y sin continencia que de los apetitos mundanos los aleje; las prácticas de la religión emplean a guisa de instrumentos para lograr las vanidades de este mundo; acógense a los cenobios y monasterios sólo para gozar de los bienes, lícitos o ilícitos, que estas casas poseen; ensanchan las bocas de sus mangas y engordan sus cuerpos....Si sus rostros miras, veras unos ojos de mirada dura, inquieta y colérica; si miras sus almas, verás unas almas henchidas de orgullo; si miras sus corazones, , verás unos corazones disipados, vacíos de vida interior, santa y sublime, hechos ya una pura ruina hasta sus cimientos, verdaderas guaridas de feroces leones y madriguera de lobos aulladores. Tanto que, al verlos, pedirás a Dios que de ellos se libre.

Es lógico que en un sufí del Siglo XII no haya espacio para los agnósticos. Sus ideas y sus sentimientos en torno a la presencia de Dios - identificado con el Amor - son tan fuertes que ha de imaginar la fraternidad humana entre cuantos, desde las distintas religiones, comparten ese sentimiento. El peso de las religiones oficiales en las sociedades de la época, enfrentadas en nombre de su correspondiente Dios único y verdadero, era tan fuerte, que la superación de sus respectivas satanizaciones suponía ya un extraordinario avance. Frente a la idea de que el infiel, e decir, el que pertenece a otra religión debe ser combatido - ejecutado, desterrado, torturado, etc -, culpable, sobre todo, cuando practica un monoteísmo que traiciona al verdadero, Ibn Arabí defiende una fraternidad que, en el ámbito de la cultura de la época, tenía mucho de universal.

El misticismo sufí fue recibido con hostilidad por amplios sectores del Islam, donde alcanzó, a veces, el carácter de una heterodoxia, como lo demuestra la ya citada tortura y crucifixión de Al- Hallay, uno de sus primeros defensores, a quien muchos de los propios sufíes le reprocharon que quisiera llevar a la totalidad de los creyentes lo que sólo debía ser el patrimonio de una minoría.

Lógico es que el sufismo siga siendo discrepante en el propio Islam, y que su visión global de las religiones sea también rechazada por muchos judíos y católicos. Pero ya hemos dicho que el nuestro no es un Foro doctrinal y que, por tanto, lo que nos interesa de la obra de Ibn Arabí - cuya tumba es hoy venerada por innumerables musulmanes - es su apertura a la convivencia y al respeto entre las religiones, no sólo del Libro, su deseo de poner fin al enfrentamiento sistemático, traducido en guerras y alianzas políticas de tristes consecuencias.

La situación histórica y el pensamiento social son hoy distintos (aunque la crítica del amor a los bienes temporales de ciertos sufíes siga siendo un argumento que vale en muchas religiones). No sólo la secularización de la vida política, sino el agnosticismo o el franco ateísmo, constituyen una realidad en buena parte del mundo. Al tiempo que, paradójicamente, sobreviven aún sociedades en las que se impone el antiguo y feroz antagonismo entre las distintas religiones. De ahí que el Foro, fiel a nuestro tiempo, tenga que englobar en el discurso del respeto entre las distintas creencias, no sólo el ámbito de las religiones, sino también el sector social que aspira a construir la convivencia, la fraternidad y la justicia social como un bien, cuyo sentido no esté sometido, necesariamente, a una creencia religiosa. De no plantear el problema en estos términos, la aproximación entre las religiones podría desembocar en un nuevo frente de intolerancia, esta vez entre los creyentes y los no creyentes. El Foro Ibn Arabí, planteado desde la realidad social y no desde el seno de ninguna religión o pensamiento laico específicos, aspira a superar ese riesgo y a proclamar la libertad del ser humano para decidir sus creencias y su obligación de respetar las ajenas.

 

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