martes, 07 de febrero de 2012
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Presentación Festival Internacional Madrid Sur 2008 PDF Imprimir E-Mail
Un nuevo desafío

Una característica del mejor teatro contemporáneo es la negación de las preceptivas establecidas. Hubo un tiempo, aún no muy lejano, en el que la definición de los distintos géneros, y, dentro de cada uno de ellos, de sus correspondientes modelos, constituía poco menos que la base de la cultura teatral. Ciertamente, había autores y formas escénicas que no se ajustaban a esos modelos, pero, por lo general eran calificados de casos “raros”, de experiencias marginales que, a lo más, conseguían la calificación misericorde de vanguardia.

El teatro estaba básicamente destinado a una clase social que compartía una cultura y una visión del mundo, y era del todo consecuente que ello reiterara unas estructuras y unos lenguajes dramáticos, que la mayor parte de la crítica tomaba como punto de referencia. El teatro, en fin, era a menudo la aplicación de un oficio antes que un acto de creación. Y fueron muchos los autores desahuciados en su día por rechazar las formas establecidas – pensemos, en España, en los casos de Valle Inclán, Unamuno, Alberti e, incluso, García Lorca, por citar unos ejemplos – y considerados hoy valiosas expresiones de nuestro teatro moderno. No – y esto es lo importante – para ser imitados, sino por la liberación de su imaginario, por la condición creativa – poética – de su obra.

La ruptura de numerosas barreras sociales, la creciente conciencia política de sectores antes silenciados, el emergente protagonismo de nuestra pluralidad, se traduce, en el teatro, en la presencia de las distintas percepciones del mundo, y, consecuentemente, de nuevos lenguajes escénicos, que responden a la diversidad liberada de sus creadores. Cada cual cuenta el mundo según lo ve y lo vive, consciente del derecho a crear y compartir su propia teatralidad. Por donde lo que correría el riesgo de ser solamente una muestra formal de las distintas poéticas teatrales se vuelve un encuentro de la pluralidad cultural, expresada en los elementos empleados y el modo de conjugarlos en cada caso para “contar el mundo”..

En nuestras ediciones anteriores hemos puesto el acento sobre algún tema explícitamente sociopolítico: la paz y la guerra, la interculturalidad, la rebelión de la ética, etc. Esta vez asumimos un desafío, en primera instancia teatral, pero, nuevamente, vinculado a la construcción de una cultura democrática. Es decir, de una percepción del teatro donde la verdad o la mentira no esté en la mejor o peor sumisión a los cánones habituales, sino en la capacidad poética para, a través de un lenguaje libre, expresar las realidades de los distintos colectivos.

Por ello, en muchos casos, los espectáculos están vinculados a personajes o ámbitos sociales identificables y concretos. Con la ambición de que lejos de agotarse en la pura invención de situaciones y personajes, respiremos el mundo real de sus interpretes, que usan el teatro como una vía estética para manifestarse. Teatro, pues, de las personas escondidas detrás de los personajes, o, como algunos han dicho, teatro de las personas que se ponen las mascaras para desnudarse.

Importaba que la experiencia contara con profesionales sólidos, justamente para asegurar la madurez teatral de nuestra búsqueda. No procede dar aquí títulos ni nombres, porque ahí está la programación para mostrarlo, tanto en el censo de los autores como de los directores, los actores, los bailaores y los cantaores. La presencia de las compañías foráneas será importante. Marruecos, Argentina y Colombia se sumaran a la fiesta de la pluralidad, a la vez que compañías españolas abordan textos esenciales del moderno teatro de Inglaterra y los Estados Unidos. Y tendremos, una vez más, la presencia de varias Compañías de las Comunidades Autónomas, otorgando a nuestro Madrid Sur la posibilidad de asomare a Andalucía, Extremadura, Valencia, Castilla-La Mancha y el País Vasco, a más de ver espectáculos destacados de la propia Comunidad, cumpliendo con ello una de las funciones que, de la mano de la Fundación Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo, se planteó el Festival desde su inicio.

Nos quedaría aún citar el homenaje que este año dedicaremos a Adolfo Marsillach, viejo amigo del Festival, con un espectáculo basado en sus textos televisivos, y el “Es o8 Madrid a Escena”, semana dedicada a los mejores grupos de la zona . Las Jornadas de la Universidad Carlos III – con la publicación de las actas de las tres últimas ediciones – y el Premio Madrid Sur para textos teatrales, abierto esta vez a todos los autores y autoras en lengua castellana, completarían este nuevo empeño en conciliar, como ha ocurrido siempre con el gran teatro, la escena con la interrogación social, la emoción personal y el placer estético con el ejercicio colectivo de la conciencia.

José Monleón (Director del Festival)

 

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